Actualizado: 18 nov 2021


Hablar de la voz pareciera ser, solo exponer el funcionamiento fisiológico de un

sistema, sus cuidados, definiciones y demás; sin embargo, va más allá.

Debo admitir que éste es mi debut escribiendo un artículo y haciéndolo público, y

aunque no me estás “escuchando” literalmente, mi VOZ, aunque no la conozcas,

retumba en tu cabeza al leer éstas líneas.

Según la Real Academia Española, con más de 17 significados de la voz, el primero de

ellos, subraya lo siguiente: Sonido producido por la vibración de las cuerdas vocales. Y

aquí tenemos el más básico y preciso concepto de la voz. Algunos otros conceptos nos

llevan a otros ámbitos, musicales, como el sonido producido por algún instrumento

musical, o las armonías en una melodía; laborales, en lo que respecta a un líder o jefe

que lleva el mandato de algún cargo empresarial, político o demás; o bien,

gramaticales, como palabras o vocablos.

Todo lo anterior es fundamental, e importante académica y profesionalmente

necesario si te dedicas a algo que esté relacionado directamente con la voz. Si eres

cantante, actriz/actor, locutor, periodista, político, conferencista o dueño de una

empresa, usas tu voz y por ello debes conocer un poco más, aunque sea por cultura

general.

Sin embargo, mi objetivo hoy es hablar de tu voz a un nivel espiritual. Si eres

demasiado escéptico y éstos temas te parecen demasiado románticos o aburridos, éste

es tu momento para cerrar ésta pestaña y seguir navegando en Facebook o Instagram,

o bien puedes quedarte por puro morbo. Y, si por otro lado, como yo, eres alguien que

ama saber cada vez más sobre éstos temas, bienvenide seas.

Ok, vayamos a los chakras. ¿Qué son los chakras? En datos prácticos, según el

hinduismo, son centros de energía localizados en nuestro cuerpo. Chakra en sánscrito

significa rueda o circulo, así que imaginemos que son bolas de energía en nuestro

cuerpo que contienen una fuerte y/o densa cantidad de energía que los hace funcionar

de cierta manera, dada la información (estímulos) interna y externa recibida. Cada

uno de ellos, ocho en total, pertenecen a lugares específicos de nuestro cuerpo. El

primero está ubicado en el piso pélvico, donde se ubican los órganos sexuales, el

segundo detrás del ombligo en lo que se le conoce como el segundo cerebro, donde se

ubican los intestinos, (aquí surge la intuición), el tercero en la boca del estómago,

donde se ubican las glándulas adrenales, el cuarto, conocido como el chakra del amor,

se encuentra detrás del esternón, en el pecho, así que ya sabrás por qué le llaman asi.

Y aquí viene el quinto, ubicado en la garganta, éste chakra está conectado al cuarto,

porque se encarga de COMUNICAR lo que existe en el anterior, por eso, es el chakra de

la voz.

Te contaré una breve anécdota, o eso espero.

En una conversación hace muchos años, con mi abuela materna, ella me dijo alguna

vez, después de que yo cuestionara su poca expresividad amorosa/verbal hacia sus

hijos y nietos, que no servía de nada encariñarse con la gente y decírselo, porque al fin


y al cabo, nos íbamos a morir. A mis 16 años, ésa aseveración me impresionó

demasiado. Nunca lo olvidé.

Ella, lamentablemente, falleció hace un par de meses. ¿De qué crees? De cáncer de

tiroides, ubicado, precisamente en el quinto chakra, el centro de energía de la

expresión verbal del amor. Ella se quedó con tanto amor, y seguramente también

tristeza y muchas otras emociones, dentro, sin expresarlas, sin sanarlas, sin

aceptarlas, que se volvió un nudo en la garganta, que a su vez se convirtió en cáncer.

Y te preguntarás a qué quiero llegar con esto. Bien, pienso que todos los días de

nuestra vida, subestimamos el poder inconmensurable de nuestra voz. De cada

palabra que decimos a nosotros mismos y al mundo. Como comunicadores, y como

simples mortales, tenemos una responsabilidad importante, como diría el Dr. Miguel

Ruiz, autor de los cuatro acuerdos, la impecabilidad de mis palabras, qué digo y cómo

lo digo. No nos vayamos tan lejos, ¿cómo te hablas a ti mismo?

La Kabbalah, y muchas otras culturas, ideologías o religiones, utilizan la voz para

conectarse con ese estado elevado de conciencia, algunos otros lo llaman la fuente,

Dios, el Universo, no importa; hay mucha información poderosa que te acerca a éste

conocimiento milenario. Los mantras, acompañados de mudras, y musicalización, nos

ayudan a sanar nuestro cuerpo físico, mental y espiritual. Las afirmaciones positivas,

dichas en voz alta aumentan nuestros niveles de serotonina. La ciencia y la

espiritualidad ya no están peleadas, hoy en día hay demasiados estudios que

comprueban la eficacia de “pensar positivo, hablar positivo”, más allá del pensamiento

mágico pendejo, como diría Odin Dupeyron. Es comprobable que las emociones

elevadas, como la gratitud, el amor, entusiasmo, paz, llevadas a la expresión oral, son

capaces de transformar nuestro estado físico, y convertirlo en salud plena, en el libro

de Joe Dispenza, Sobrenatural puedes leer más sobre ello.

Así que tienes en tus manos una herramienta muy muy valiosa, mágica y poderosa, TU

VOZ, no se trata de no abrazar tus emociones de tristeza, ira o apatía, todos las

vivimos día con día, si no de tener la conciencia que lo que digo a través de mis labios,

resuena más allá de lo que creemos, emite una vibración magnética que atrae a mi

espacio realidades impresionantes, tú eres CO CREADOR de tu realidad. Así que

asumamos juntes el uso de nuestra voz, sanemos nuestros corazones, hablemos desde

el amor, y aportemos a que éste mundo, mañana sea mejor de lo que es hoy.












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Pienso qué historia puedo compartir con cada uno de ustedes y solo viene a mi mente uno de los momentos que me permitió conocerme y conocer más sobre “hablar en publico”. Sucedió cuando yo tenía 8 o 10 años, no recuerdo bien, pero me pidieron exponer un tema relacionado con “la importancia de ser obediente con mis padres”. Me avisaron un día antes, así que ese fue el tiempo que tuve para prepararlo. Investigué, busqué referencias, analicé mis posibilidades y, cuando tuve el tema listo, se lo compartí a mi primer público: mi familia. Al finalizar el tema, mi papá me abrazo y me dijo “hablas muy bonito, mañana sería un día muy importante”. Sus palabras me emocionaron mucho, se elevó mi energía y me fui a dormir con una gran sonrisa en los labios. Al día siguiente, cuando me tocó exponer mi tema, me paré del asiento y comencé a caminar sobre el pasillo que me conduciría al púlpito que sostendría mi experiencia, que dicho sea de paso, tuvieron que abrirlo y sacar un banquito para que las personas pudieran ver un poco más que mis cabellos asomándose ante el micrófono. Cuando finalmente pude observar a cada persona que estaba en el lugar, mi cara, sin poder evitarlo, comenzó a voltearse hacia la izquierda, como si quisiera tocar mi hombro… Sí, los nervios me habían traicionado y se presentaron en forma de tic, haciéndome sentir vulnerable, nada segura.

Siempre me he caracterizado por ser una persona muy observadora, y no fue la excepción, cada persona ahí presente, se movía inquieta, como si quisiera encontrar la forma de ayudarme, pero sin realmente qué hacer. Aún con todo y mi cabeza al son de una máquina de escribir antigua, terminé de presentar el tema, me bajé del columpio emocional, caminé hacia mi mamá y, sin saber muy bien cómo, lo había logrado. El tic seguía y, aunque ya no está presente de manera visible, continúa acurrucado en mis recuerdos como un momento poco agradable. Una experiencia que si bien me sirvió para la vida, no me gustó vivirla.

Tiempo después, tuve la oportunidad de volver a hablar en público, se trataba de una serie de pequeños grupos con los que pude expresarme sin mayor contratiempo. Sin embargo, el destino me tenía preparada una prueba más, pues una una audiencia mayor estaba esperándome. En esta ocasión fue en un foro cuando enfrentaría mis miedos. Me solicitaron exponer un tema sorpresa, ante un público sorpresa. Mi sorpresa fue que dominaba el tema que me tocó, asi que me sentí tranquila, pero cuando subí a la tarima, el perverso Tic volvió a hacer de las suyas… me quedé quietecita, me observé y me di cuenta que la tarima en la que me encontraba no me permitía conectar con mis observantes, así que respire, bajé de la tarima y comencé a dirigirme a las personas, a tocar sus hombros y, en general, a tener mayor contacto con ellas, lo me permitió entablar una relación más cercana para transmitir lo que de verdad quería decir, a pesar de ese irreverente Tic que pretendía tomarme nuevamente por sorpresa.

Esta experiencia, me llevó a identificar diferentes aspectos que podía considerar cada vez que me enfrentar al monstruo de las mil cabezas:

1. Mi lugar seguro era estar al mismo nivel del público para poder interactuar con ellos. Por lo tanto, cada vez que tuviera que subirme a una tarima, me bajaría de ella o, en su defecto, me sentaría a ras del suelo para transmitirle a mi mente que se trataba de una plática entre amigos.

2. La respiración fue fundamental para mí, puesto que permitió darme pausas antes, durante y cuando finalicé.

3. También aprendí que tener un ritual antes de comenzar, es indispensable para mí y para toda persona que quiera estar frente a una audiencia. En mi caso, escucho música cristiana, aun cuando no soy practicante de esa religión; pongo un incienso y colocó un vaso de agua. Estos tres aspectos, me permiten conectar con mi interior, con mi necesidad y con el objetivo de mi presencia en el lugar.

Te comparto estos 3 puntos, utiliza los que te beneficien y construye tu propia experiencia tal y como tú la necesites, a pesar de las sorpresas que la vida o tu propio cuerpo, te tengan preparadas.









PATO SÁNCHEZ

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Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad. Es un temor fuerte e irracional de algo que representa poco o ningún peligro real. Muchas fobias aparecen como consecuencia de una experiencia negativa o un ataque de pánico relacionado con un objeto o una situación específicos. La glosofobia específicamente es una fobia social, es el miedo a hablar en público, el temor intenso y desproporcionado que algunas personas experimentan en tales situaciones. Los síntomas que suelen mostrar las personas que sufren este trastorno pueden incluir respiración acelerada, sudoración, tensión corporal, sequedad bucal, rubor facial, nauseas, presión arterial alta, malestar abdominal o urgencia urinaria, taquicardia, fallos de memoria y confusión de las ideas que se querían exponer, voz tensa, temblorosa o tartamudeo, y miedo extremo al error o al fracaso.Sin embargo, sufrir algún sentimiento de nerviosismo ante alguna de estas situaciones es normal y no constituye una fobia. De hecho se estima que el 75% de la población lo sufre. Hablar en público es algo que en muchos casos intimida un poco y además es una capacidad que no suele entrenarse muy a menudo en la infancia o adolescencia (el sistema educativo no potencia suficientemente el desarrollo de esta habilidad) y, por tanto, no es algo que salga de modo sencillo en la mayoría de los casos. El 90% del éxito de un buen discurso o presentación tiene que ver con el método que se aprenda y sólo un 10% es innato.


Las personas con fobia social pueden aprender a gestionar el miedo, desarrollar la confianza y las habilidades necesarias para afrontar situaciones difíciles y dejar de evitar las cosas que les provocan ansiedad. Pero no siempre es fácil. Superar la fobia social significa tener la valentía de ir más allá de lo que te resulta cómodo, yendo poco a poco.

Es importante que des el paso y busques ayuda, un especialista te ayudará a reconocer las sensaciones físicas que les provocan las situaciones de lucha-huida, y enseñarles a interpretar esas sensaciones de una forma más precisa. Los terapeutas pueden ayudar a la persona a elaborar un plan para afrontar los miedos sociales uno a uno, y también ayudarla a adquirir las habilidades y la confianza necesarias para lograrlo. Esto incluye poner en práctica nuevos comportamientos.


Poco a poco, una persona que decide superar su timidez extrema puede aprender a sentirse más cómoda. Cada pequeño paso hacia delante ayuda a aumentar la confianza para tomar el siguiente pequeño paso. A medida que la timidez y los miedos vayan desapareciendo, la confianza y los pensamientos positivos irán creciendo. Bastante pronto, la persona pensará menos en lo que podría hacerla sentirse incómoda y más en lo que la podría divertir.




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